Mamá, me duele la panza

Seguramente, en muchas ocasiones tu pequeño te ha dicho “me duele la panza, mamá”, y es importante verificar el motivo de su malestar para descartar problemas más graves. Muchas veces, este dolor llega a ser tan fuerte que interrumpe las actividades de los pequeños.

El dolor abdominal recurrente afecta entre el 10 y 15% de la población infantil, según datos de Stephen Carroll, autor de The Complete Family Guide to a Healthy Living, y puede acompañarse de palidez, vómitos, cefalea, flatulencias o diarrea.

Este tipo de malestar puede estar provocado por trastornos muy diferentes, como los siguientes:

  • Intoxicación alimentaria. El más frecuente es la salmonelosis, sobre todo en las estaciones calurosas, por una conservación incorrecta de los alimentos.
  • Gastritis por la bacteria Helicobacter pylori.
  • Intolerancia a ciertos alimentos. Éstos pueden ser la leche y los lácteos o el gluten.
  • Estreñimiento. Se debe a la disminución de la actividad del colon.

Además de las causas físicas, en algunos casos, el dolor de barriga no se produce por un trastorno físico o funcional. Este trastorno puede ser psicológico, y puede activarse o agudizarse por tensión, ansiedad, estrés o depresión. Tú, como mamá, debes entender que este dolor no es imaginario; es una forma de decirte que algo en su entorno lo está alterando. Éste se convierte en la primera forma que los niños tienen de expresar que algo anda mal cuando aún no manejan las palabras adecuadas para explicar sus emociones.

Para remediar esta situación, debes platicar con él y ayudarlo en la medida de lo posible a fin de que te explique lo que le está afectando, ya sea en la escuela o en tu casa. Presta mucha atención a este síntoma, y no lo tomes a la ligera.

Para remediar algunos síntomas del “dolor de panza”, puedes poner en práctica estos consejos:

  • Dale a beber líquidos, preferiblemente agua, té de manzanilla y jugos de frutas como de manzana, de uva, de ciruela y de pera.
  • Sóbale la pancita suavemente, con movimientos circulares, en el sentido de las manecillas del reloj.
  • Trata de tranquilizarlo para que sus músculos se relajen y así el dolor desaparezca más fácilmente.
  • Un baño de tina con agua tibia también puede ayudarle a relajar sus músculos.

El indicio más revelador de que el dolor abdominal es algo serio es el comportamiento de tu pequeño: si pierde el apetito, no tiene ganas de jugar, aparecen fiebre o vómitos o si el dolor no cede en 24 horas, conviene acudir al médico. Es importante que sepas que para realizar un diagnóstico correcto, no debes administrarle ningún medicamento.

Referencia: Hastings, Diana, Guía para el cuidado del enfermo en el Hogar, Ed.
Diana Carroll, Stephen, The Complete Family Guide to a Healthy Living, ED. Dorling Kindersley.6
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